10 de marzo de 2015

Alcudia de Monteagud, entretela de la provincia

Rincones de Alcudia de Monteagud.
A más de mil metros de altitud se encuentran las casas más blancas de Almería. Entretela de la provincia, Alcudia de Monteagud corona un valle de ensueño en la parte oriental de la sierra de los Filabres.

El corazón de la provincia late por estos pueblos pequeños con identidad propia y con un pasado común. Tahal, Benitagla y Benizalón son los vecinos más cercanos de Alcudia y, todos ellos juntos, son las flores más bonitas del milenario almendro de Almería.

Esta parte de la Sierra de los Filabres quedó casi deforestada debido a la fuerte demanda de leña para los hornos de fundición por el auge de la minería en siglo XIX. Desde hace unas décadas se están repoblando algunos parajes y poco a poco se intenta devolver el aspecto original a estas montañas y restaurar la flora y fauna con animales y árboles endémicos. Es un duro y lento trabajo, pero necesario para el ecosistema almeriense.
Entrada al municipio de Alcudia de Monteagud con las banderas al viento.
Para llegar a Alcudia de Monteagud desde Almería se entra, bien por Tahal sobrepasando el Collado García o por la carretera de Benizalón. En unos tres cuartos de hora ya vemos a lo lejos la Era Grande, situada en la entrada del pueblo. Esta era es de las mayores que hemos visto y visitado en toda la provincia. En este lugar se reunían campesinos de toda la comarca para la trilla. Aquí separaban la paja del grano, primero con un trillo tirado por bestias y después con el método del aventado, consistente en lanzar la parva al aire con una horca, dejando la paja a un lado, y el grano al otro. El último paso era la criba del grano para una limpieza total.

A mediados del siglo XX la nueva mecanización agraria desplazó a las eras a un segundo plano, pero aún hoy siguen recordando ese método ancestral en eras como la de Pepe Hijinio, en Uleila del Campo, donde cada verano, por el mes de Julio, se celebra la Fiesta de la Trilla.
Era Grande de Alcudia de Monteagud, una de las mayores de toda la provincia de Almería.
Las calles de Alcudia de Monteagud son estrechas, limpias y plagadas de pequeños rincones fotogénicos. Mención aparte es la calle donde se encuentra un viejo portillo de piedra al más puro estilo alpujarreño, junto a un arco de medio punto de origen árabe. Aquí pueden presumir de sencillez y elegancia. Todo el trayecto laberíntico por las calles de Alcudia nos acompañan maceteros colgando de las paredes hasta que llegamos a la plaza de la Constitución, de grandes hechuras. Aquí dos fachadas, una frente a otra, compiten por llevarse el primer premio en un torneo de ornamentación, pensamos nosotros.

Calles de Alcudia de Monteagud.
Seguimos nuestro paseo circular por las calles de Alcudia, sin perdernos, aunque no nos importaría. Al final de una calle vemos sobre los tejados un pequeño campanario. Se trata, en efecto, de la iglesia mudéjar de Nuestra Señora del Rosario, fechada a mediados del siglo XVII. Este templo nos recuerda bastante a otros de la sierra de los Filabres, como la iglesia de Benitagla o la de Castro de Filabres, por sus paredes encaladas de un blanco vivo y sus medidas reducidas.

Salimos ya del centro urbano de Alcudia de Monteagud con la frustración de no haber podido recorrer cada calle, cada esquina de este pueblo, pero el caer de la tarde se nos echa encima y nuestro empeño por buscar todas y cada una de las maravillas que esconden los ciento dos municipios de la provincia de Almería nos lleva al despoblado de Alhabia de Filabres. Antes, nos detendremos a orillas de la carretera para observar una panorámica excelsa donde cada teja, cada árbol, cada nube está en una posición que te cautiva y embelesa.
Panorámica de Alcudia de Monteagud desde la carretera que nos lleva al municipio de Benitagla.


La Maravilla


Fuente de Alhabia de Filabres.
Alhabia de Filabres es un despoblado de origen árabe enclavado en el municipio de Alcudia de Monteagud. Quedó deshabitado para siempre tras la expulsión definitiva de los moriscos allá por el siglo XVI. La dramática marcha forzosa de estos españoles dejó el campo de Almería sin labriegos. Para reactivar la producción vinieron a repoblar la provincia cristianos de Andalucía Occidental y de otros puntos del reino castellano. Pero a esta parte de la sierra de los Filabres ya nunca volvieron.

Testigo inerte del pasado de esplendor de estas tierras es la Torre de Alhabia. Está datada entre los siglos XII y XV, flanqueada en un valle de almendros, rodeado de encinas que se asoman a un barranco. Frente a la torre se divisa Benitagla y el cerro de Monteagud como si de una estampa se tratase.

A escasos metros de la torre se encuentra la fuente, otro de los pocos vestigios que han sobrevivido de un pueblo que fue borrado del mapa hace ya casi cinco siglos.
Torre de Alhabia en Alcudia de Monteagud. Al fondo Benitagla y el cerro de Monteagud.

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